Algarrobico y Palomares: Destellos entre las sombras

En el lamentable panorama noticioso de este deprimente comienzo de año, se vislumbran dos buenas noticias: una referida a ese forúnculo llamado El Algarrobico y otra a Palomares (ambos en Almería).

Se suprime la asignatura de Educación para la Ciudadanía, se disminuyen los derechos de las mujeres para abortar, se restringe la voluntad popular en el control del Poder Judicial, se limita el acceso a la píldora del día después, se decreta una moratoria para el sector de las renovables…

Pero al menos, el tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha dado diez días a la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento de Carboneras (Almería) para devolver los terrenos de la playa de El Algarrobico, donde se erige el aberrante hotel, a su estado de protección original. La orden, que sin embargo no implica su demolición, sería un pasito más en el camino hacia la demolición y el desenredo del nudo judicial en que se ha convertido el caso.

La base jurídica sobre la que el entonces alcalde de Carboneras concedió hace 15 años la licencia de obras del hotel dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar es una modificación del Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) que hizo la Junta de Andalucía en 1997 y que rebajaba la protección que el anterior PORN de 1994 daba a la playa de El Algarrobico. El Tribunal Supremo anuló aquel cambio en septiembre pasado. Y así se anulaba una modificación que rebajaba la protección contra el ladrillazo en la costa.

Cuando desaparezca el faraónico hotel, cantaremos victoria.

Parece que también se vislumbra un final para el culebrón de Palomares, más de 46 años después del mayor accidente nuclear sobre una población civil.

El País publicaba recientemente que el gobierno español ha recibido ha recibido garantías de que retirará las tierras contaminadas de Palomares, donde hay acumulados 50.000 metros cúbicos de tierra contaminados por radiación proveniente de bombas nucleares.

Hasta ahora, las autoridades estadounidenses se habían resistido a limpiar el área afectada por su coste económico y por el temor a sentar un precedente. Imaginaos que todos los lugares en donde EEUU han hecho pruebas nucleares pidan ahora que se descontaminen…

Por si no os acordáis, el accidente se produjo en 1966, cuando un bombardero estadounidense colisionó en vuelo con el avión nodriza del que repostaba. Cayeron sobre el pueblo almeriense de Palomares cuatro bombas termonucleares, más potentes que las de Hiroshima. Dos fueron recuperadas intactas y dos liberaron parte de la carga. En su momento, el Ejército estadounidense se llevó 5.500 bidones de tierra contaminada, pero quedaron restos radiactivos, incluidas dos zanjas en las que EEUU ocultó desechos del material de la limpieza.

Durante décadas, nadie se ocupó del accidente hasta que a finales de los noventa la burbuja inmobiliaria llegó a la costa de Almería (y con ella llegaría más tarde El Algarrobico). Comenzaron movimientos de tierras y el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) y el Consejo de Seguridad Nuclear dieron la voz de alarma. (El Ciemat es el heredero de la Junta de Energía Nuclear). Se descubrió que, al remover la tierra para construir, se podría liberar plutonio.

Durante decenios se realizaron estudios e incluso se llegó a contemplar la construcción de una urbanización sobre el suelo contaminado. El País indica que los cables del Departamento de Estado obtenidos por Wikileaks muestran cómo la Embajada de EEUU en Madrid proponía pagar la limpieza y llevarse la tierra, pero no recibía respuestas claras desde Washington. No querían sentar un precedente.

Esperemos también que no se tuerza el acuerdo y Palomares quede libre pronto de una herencia tan tóxica.

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