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Buenas noticias, con ‘peros’

Europa acuerda un recorte del 40% en las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) respecto a los niveles de 1990 para 2030, y una cuota de renovables del 27% y un objetivo del 27% de eficiencia energética, así un impulso de las interconexiones.

Es una buena noticia y ya era hora. Esperemos que tenga un efecto domino en otros países, especialmente en China, que es actualmente el mayor emisor de CO2 en términos absolutos, y en Estados Unidos, el mayor emisor si se mide per cápita. La maquinaria diplomática europea debe ponerse en marcha rápidamente en vísperas de la cumbre de Lima, del 1 al 12 de diciembre del 2014, y de la cumbre clave el año próximo en Paris, donde se acordara el sucesor del Protocolo de Kioto.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (conocido por sus siglas en inglés, IPCC) lleva diciendo mucho tiempo que hemos agotado el tiempo. Pero también que el implacable incremento de las emisiones  se puede frenar usando una variedad de cambios de comportamiento y medidas tecnológicas. Pasar de ahí tendría consecuencias terribles. Según el último informe del IPCC, si se quiere limitar el aumento de temperatura global a 2 grados centígrados para final de siglo, habría que reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero entre un 40% y un 70% para 2100 con respecto a las emisiones del año 2010.

Pero este no será un objetivo sencillo. Los Estados mantienen la soberanía sobre la política energética, con muchos intereses en juego alrededor del sector de los combustibles fósiles. Y esta decisión tiene aspectos que no quedan claros o se dejan a la implementación voluntaria, como por ejemplo el objetivo de eficiencia. De hecho, algunas empresas dedicadas a la eficiencia energética ya están diciendo que este objetivo nada tiene de ambicioso. Además existe una cláusula que podría abrir el acuerdo a una revisión y a fijar nuevos objetivos (supongo, menos ambiciosos) si es que la decisión europea no se ve secundada e igualada en Paris por otros países.

Este asunto es crucial. Informes que hemos publicado en el Overseas Development Institute demuestran que, si no se combate el cambio climático, el mundo puede despedirse de terminar con la pobreza, porque será un impedimento para millones de personas, especialmente en África, salgan de la pobreza y muchas volverán a ella a consecuencia del cambio climático.

Existe un amplio consenso en la comunidad científica sobre lo que hay que hacer. El acuerdo europeo está al borde de lo mínimo necesario indicado por el IPCC –recortar las emisiones entre el 40% y el 70% para 2100. Es un buen comienzo, pero queda mucho por delante.

Algo cambia, al menos en los discursos

Algo está cambiando cuando una revista como Bloomberg/Business Week consagra tres artículos a temas medioambientales bastante espinosos y con una perspectiva progresista.

A la desaparición por la subida del nivel de los océanos de islas del Pacífico como Kiribati dedica nada menos que su portada y otras doce páginas de su versión en papel. Kiribati tiene una población de 103.000 habitantes.

“En los últimos 20 años –dice Bloomberg—, los océanos del plantea se han elevado mucho más rápidamente que en ningún otro momento de la historia. Kiribati pronto será anegada por el agua, y su gente no tendrá dónde ir”, dice el artículo. Impresiona el mapa incluido en el artículo, que muestra el área del Pacífico donde se sitúan estas islas como la que ha experimentado una mayor elevación del nivel del mar. La portada de la revista, que se dedica enteramente al tema, anuncia: “Este entero país está a punto de ser borrado del mapa a causa del cambio climático. No será el único”.

El otro artículo habla de “los vegetales más aterradores de todos”, es decir, los cultivos llamados mutantes.

Y el tercero aborda la locura de Canadá, donde se planea construir lagos artificiales con el agua tóxica sobrante de la extracción de petróleo “no convencional” de arenas bituminosas.  “Estamos jugando a la ruleta rusa con un importante ecosistema. No va a crecer nada en esa sopa de elementos tóxico”, concluye un profesor de la Universidad de Alberta citado por la revista.

Parece que el discurso está cambiando. A ver si los políticos se enteran.

Vientos de desgracia

Vientos huracanados en Londres esta semana. Ciclones hace dos semanas en la India… Las noticias parecen confirmar que cada vez hay más fenómenos climáticos y estos son más intensos. Esto son muy malas noticias para aquellas personas que no estén preparadas.

La tormenta –con vientos de más de 80 kilómetros por hora— que ha golpeado hoy el sureste de Gran Bretaña es la peor en años. Esta mañana, el metro en Londres era un caos, con servicios suspendidos o retrasados, y masas aborregadas (entre las que me incluyo) metidas a presión en los vagones. Peor, dos personas han muerto.

En Odisha, India, menos de 40 murieron tras el paso de un ciclón hace dos semanas. Aunque no lo parezca, éstas son buenas noticias. Una tormenta similar dejó en 1999 unos 10,000 muertos en ese mismo área.

Y precisamente esto confirma lo que un reciente informe del Overseas Development Insitute indica que el clima extremo vinculado con el cambio climático es cada vez más frecuente y en el futuro causará mayores desastres. Y que estos desastres, especialmente aquellos ligados a las sequías, podrían ser la causa más importante de empobrecimiento, cancelando el progreso alcanzado en la reducción de la pobreza.

Africa men walking

 

De acuerdo con el informe, hasta 325 millones de personas extremadamente pobres vivirán en los 49 países más propensos a sufrir desastres ‘naturales’ en 2030, la mayor parte de ellos en el sur de Asia y el África subsahariana.

Los 11 países con más riesgo de sufrir pobreza inducida por desastres son Bangladesh, República Democrática del Congo, Etiopía, Kenia, Madagascar, Nepal, Nigeria, Paquistán, Sudán del Sur y Uganda.

Por tanto, los objetivos de desarrollo post-2015 (que se están negociando ahora) deberían incluir metas centradas en afrontar los desastres ‘naturales’ y el cambio climático, y reconocer la amenaza que éstos significan para alcanzar el objetivo de erradicar la pobreza extrema para 2030.

El informe ha tenido gran repercusión, y capto la atención de la  BBC y de otros medios. En un comentario publicado por el diario indio Tehelka, argumentaba además que, una vez pasada la emergencia,  se debe prestar atención no sólo a salvar vidas y proteger infraestructuras, sino también a proteger los medios de vida de las personas.

Más datos y medio ambiente

En mi búsqueda de más (visualización de) datos sobre el medio ambiente, me encuentro con civio.org. Busco y rebusco en esta visualización de “¿Dónde van mis impuestos?” y… !ta, tan! encuentro la bolita minúscula que representa el presupuesto medioambiental (567 millones de euros de un total de 319 billones).  ¿Poco? ¿mucho? Retrocedamos. ¿Cómo era en 2008? La visualización te permite viajar en el tiempo. Pasamos a otro panorama distinto: 1.04 billones de euros destinados al medio ambiente con un presupuesto total algo menor, 314 billones de euros. Por ejemplo, en el capítulo “actuaciones para la prevención de la contaminación y el cambio climático”, pasamos de 164 millones de euros a 49,1 millones. Normal, el cambio climático puede esperar. Os recomiendo que entréis y lo veáis. Hay otras cosas igualmente interesantes, y verlas en colores y tamaños cuenta su propia historia.

Datos, paisajes y medioambiente

Si se vieran las noticias en colores y por tamaño, ¿qué color predominaría? Clico entusiasta en Actualiza(t),una “visualización” de las noticias de El Mundo que combina diseño y datos para ofrecernos el paisaje noticioso del día, de la semana o del mes.

El color que parece predomina es el naranja que le otorgan las noticias de “España”. Abundan también los matices azules de “Mundo” y “Economía”, cómo no. El rojo de “Deportes” está cerca. Y así hasta… ¡falta algo! Falta el medioambiente, claro. Vale, no existe como categoría, pero las noticias sobre el ambiente se encuentran en “Ciencia”.

El verde botella de “Ciencia”, en la opción “Noticias del mes”, aparece en dos noticias: “Los riesgos para la intimidad de los ‘Me gusta’ de Facebook“ y “Los animales salen del armario”.  Qué pena.

Datos para el medioambiente

Estoy de regreso de Holanda de dar clases en un máster en Periodismo de Datos –una nueva tendencia que está insuflando un renovado vigor al periodismo. Al final de mi estancia en la Universidad de Tilburg tuve que valorar las propuestas de trabajo de fin de máster. Una de ellas me sorprendió: “mapear” y visualizar datos sobre el fracking en Holanda para informar y movilizar.

Y es que el medioambiente, especialmente los abusos a los que es sometido, puede ser un gran tema de investigación para el periodismo de datos, pero también para el… ¿cómo llamarlo? ¿activismo de datos?

Greenpeace, por ejemplo, ha explorado este filón con ExxonSecrets, un  intento de visualizar la influencia de una organización como ExxonMobil en el debate público a través de la financiación de una maraña de instituciones que se podrían catalogar como “climate sceptics” (escépticos e incluso negadores de la existencia de un cambio climático generado por la actividad humana).

Sin salir de la industria extractiva, buscando información para poder guiar a estos alumnos de la universidad de Tilburg, me encuentro con un blog en el Washington Post titulado  How long before fracking spreads to Europe? A decade, at least.  Dejando de lado la perspectiva del autor (parece que lamenta el retraso europeo en abrazar esta agresiva técnica de extracción de gas y petróleo no convencionales), el blog recoge un resumen de otro artículo de The Economist, Frack to the Future, que, a su vez, incluye este mapa (¿puede haber una visualización más sencilla?).

Por el momento, el medio que ha ido más lejos en el periodismo de datos es The Guardian, con su Open Platform, que permite, no sólo observar algunas de las visualizaciones de datos más interesantes desde el punto de vista  periodístico, sino también el acceso a los datos detrás de las visualizaciones para poder manipularlos y usarlos como se quiera. Y no es ninguna casualidad que The Guardian dedique una importante parte de su periodismo de datos al medioambiente: tiene secciones dedicadas a las emisiones de CO2el cambio climático, la ciencia del cambio climático, la energía, los alimentos, el reciclado, eltransporte, y  flora y fauna.

Como el autor del comentario sobre el fracking se preguntaba cuánto falta para que Europa se lance de cabeza, yo me pregunto cuánto falta para que las organizaciones no gubernamentales –especialmente las ecologistas— se lancen a utilizar la visualización de datos como arma de campaña a lo grande. Espero que pronto.

“Hay playas sucias por todos lados”

Se acaba de publicar el  informe 2011 sobre residuos marinos del proyecto International Costal Cleanup de Ocean Conservancy, que por primera vez se hace en España de la mano de la Asociación Ambiente Europeo, coordinadora local. Esta que sigue es una entrevista con el responsable de la asociación, Daniel Rolleri:

¿Cómo se comparan las playas de Euskadi como las demás?

El proyecto no está diseñado para que se puedan hacer comparaciones. Hay playas sucias por todos lados. Una cosa es lo que puede hacer tal o cual ayuntamiento para que las playas se vean bien especialmente en época de turística, pero el tema de los residuos marinos va más allá de eso porque, por más que se limpie una playa, los residuos siguen acumulándose en la playa vecina, o en las zonas costeras de difícil acceso para la gente (y por su puesto debajo del agua).

¿Qué se puede deducir de la clasificación de los residuos (de Euskadi o/y España en general(? ¿Más filtros de cigarrillo en un lugar que en otro? ¿Menos esqueletos de bicicletas?

La información obtenida por los voluntarios utilizando la metodología de Ocean Conservancy constituye una herramienta muy útil para:

1) Demostrar con números que tenemos un problema.

2) Dar una idea de la dimensión del mismo. No es lo mismo decir la playa esta sucia, o muy sucia, que decir que en 70 metros de tal o cual playa se encontraron 458 bolsas de plásticos, 186 latas, etc.

3) La información nos permite saber de qué tipo de residuos se trata además de la cantidad.

4) La tarjeta de datos utilizada nos permite determinar, tener una idea, de las posibles fuentes de residuos, asociando ciertos objetos con actividades recreativas, o con actividades en el mar (transporte marítimo, pesca), etc.

¿Y por que la clasificación? ¿Qué se pretendía aprender de semejante enorme esfuerzo?

Para intentar revertir un problema primero hay que conocerlo. Uno de los datos más curiosas es que el Top 10 representa el 80% (en España 2011 el 73%) de los residuos inventariados y recogidos por cientos de miles de voluntarios en el mundo. Y lo curioso es ver como esos 10 residuos más encontrados son objetos de nuestro uso cotidiano. Conclusión: la educación y la concienciación sobre este tema ayudaría a cambiar nuestros hábitos y el problema se reduciría en un porcentaje enorme. Eso no se puede decir de otros problemas como el cambio climático que son mucho más complejos.

¿Qué se hizo con los residuos después?

Generalmente los voluntarios los llevan a los contenedores de basura. En algunos pocos casos se ha llegado a separar plásticos para depositarlos en los contenedores de reciclaje. Hay que tener en cuenta que algunas zonas de limpieza quedan apartadas y que exigirles a los voluntarios un esfuerzo de reciclaje luego de 3 o más horas recogiendo e inventariando residuos es demasiado pedir.

¿Cuáles son las tres conclusiones más importantes a nivel global?

Que el problema sigue en aumento, especialmente el problema de los microplásticos, que tienen un impacto en nuestra salud ya que causan toxicidad en los peces que los ingieren. Nosotros somos los consumidores finales. Reitero lo dicho: analizando el problema podemos sacar conclusiones como las de la respuesta anterior.

Basura, tocino y velocidad

A algunos les ha dado por hablar del “nacionalismo del puerta a puerta”. Y digo yo ¿qué tendrá que ver el tocino con la velocidad?

Antonio Basagoiti  decía hace poco el PP debe “convencer a los vascos de que hay alternativa a la receta vieja de ruptura y división” del nacionalismo “de la basura puerta a puerta”, en referencia a EH Bildu y también “al nacionalismo que se disfraza de moderado”.

O sea, “de la basura puerta a puerta” especifica de qué tipo de nacionalismo estamos hablando,  tal y como lo hace “moderado”. ¿Quizás quería sugerir que “moderado” está en un extremo y “de la basura puerta a puerta” en el otro extremo?

Me temo que no es así, Sr. Basagoiti. No hay un nacionalismo “moderado” (se supone, el conservador) y otro “de la basura puerta a puerta” (el de izquierdas), y en el medio quizás otros “de comedido contenedor”. Eso es confundir el tocino con la velocidad.

La opción de la recogida de basura puerta a puerta (PaP) no tiene nada que ver con ideologías. Tiene que ver con la búsqueda de opciones coherentes con el medio ambiente. El PaP va después de otras, como la reutilización de los productos de consumo, primero, y el reciclado, después.

Como decía en otro post, hay bastante consenso en que ya  no cabe tanta basura. Bolsa a bolsa, en todo el estado se producen unos 25 millones de toneladas de residuos cada año (kilo y medio por persona y día).

Muchos dicen que habrá que meter todos esos desechos en algún lugar. Con un porcentaje de reciclaje “limitado”, la solución hasta ahora han sido los pestilentes y tóxicos vertederos. Pero muchos dicen que las incineradoras se perfilan como la solución final, porque, además de ser una inversión en un mercado deprimido, se obtiene energía al quemar los desechos…

El Plan de Residuos de Gipuzkoa  prevé que, en 2016, el 57% de la basura se recicle o composte (ahora estamos en el 43%, de acuerdo con información publicada por el Diario Vasco). El 43% restante se incineraría en la todavía inexistente planta de Zubieta, generando energía eléctrica. Los vertederos se cerrarían.

Sin embargo, mucho antes habría que valorar la reutilización de los bienes de consumo. No comprendo por qué hay que aceptar sin más el “usar y tirar”, los envases mini dosis, las bolsas, los paquetes, cada loncha en uno, cada hoja de lechuga “convenientemente” fajada en su corsé de plástico. Primero debería venir el reutilizar, el evitar la bolsa de plástico, el comprar a granel, si es posible en el mercado local de productos locales. Es decir, no resignarse a producir tantos residuos. Después  viene el reciclar y compostar.

Y el PaP es una posible solución.

Conlleva la retirada de los contenedores de la calle y su sustitución por postes en los que colgar la basura. En los ayuntamientos en los que se ha puesto en marcha –Hernani, Usurbil, Oiartzun y Antzuola—, se ha aumentado enormemente la recogida y reciclaje de residuos.  Los que lo apoyan dicen que podría hacer factible alcanzar el 89% de recogida selectiva, mientras que el 11% restante se almacenaría en un vertedero de inertes.

Sus detractores tachan de “delirio” estos objetivos y aducen que, aunque el PaP pueda ser viable en zonas de baja densidad de población, su generalización a todos los municipios con más densidad, sin tener en cuenta las distintas realidades urbanas, es una locura.

A lo que se alega que ciudades europeas  con densidades parecidas a la de Donostia, como Aarhaus (Dinamarca), con 250.000 habitantes, Niort (Francia), con 64.000 habitantes, y Monza (Italia), con 123.000 habitantes,  han implementado este sistema con éxito.

El alcalde de Aarhaus es Jacob Bundsgaard, de los Socialdemócratas; Niort es feudo del Partido Socialista Francés; y Marco Mariani, de la conservadora nacionalista Liga del Norte, ha gobernado como alcalde Monza hasta las elecciones municipales de septiembre, en las que  ha ganado el representante de una coalición progresista.

¿Extremistas? No creo.

Lo que pediría a los políticos y políticas de este país es que pongan los debates en sus contextos, y no confundan a la gente con licencias retóricas equívocas.

Hablemos en serio de la basura, sin ideologías.

Mal tiempo

De nuevo sale un sol apocalíptico en este verano sin fin. Con la ola de calor, además, crece la probabilidad de que cualquier chispa provoque otra nueva catástrofe. Entre el 1 de enero y el 29 de julio han ardido ya más de 130.800 hectáreas forestales en España, en los que han muerto seis personas.

Grandes áreas en Canarias, Valencia, Girona, Guadalajara… los puntos calientes se extienden por toda la península. Este año es, dicen los expertos, el peor desde 2002. Y del verano queda mucho. También es el peor de los últimos diez en número de grandes incendios, aquellos que abrasan más de 500 hectáreas. En los siete primeros meses del año hubo 20, frente a una media de nueve.

Las altas temperaturas son uno de los factores que actúan como combustible, a lo que se une una fuerte sequía. Entre octubre y junio llovió un 35% por debajo de la media de los últimos 30 años, según la Agencia Estatal de Meteorología. Y en julio las precipitaciones se redujeron a la mitad de lo habitual.

La península es la región europea más vulnerable al fenómeno de desertificación.

Pero también influyen los recortes en los planes antiincendios. Las administraciones responsables de dichos programas justifican los medios con los que cuentan, pero expertos, ecologistas, sindicatos y oposición insisten en que hay menos medios.

Finalmente está la mala gestión forestal. La biomasa ha venido creciendo pero desordenada, dicen los expertos.

Otro problema es la falta de información real sobre las consecuencias para el medio ambiente y para la salud de las subidas extremas de temperaturas. Un artículo de Rogelio Fernández Reyes, publicado por Ecologistas en Acción, señala que olas de calor como la que arrasó Europa en 2003 no se han vinculado adecuadamente sus consecuencias reales en España, y que muchas de las muertes sucedidas en aquel periodo se atribuyeron erróneamente a una crisis de salud.

Y sin embargo, “como nunca los medios de comunicación están reflejando los efectos de los desastres naturales –dice Rogelio Fernández—. Sequías, inundaciones, ciclones y huracanes con mayor frecuencia y virulencia son algunos de los capítulos de la factura que está pasando el planeta al desequilibrio que los humanos estamos provocando con la excesiva emisión de CO2. Cada vez son más las instituciones y expertos que relacionan el calentamiento global con desastres actuales. Rita, Katrina, Wilma, Delta, Vince, mares y océanos más calientes, subida del nivel del mar, glaciares que se derriten, olas de frío, olas de calor se relacionan, por su dimensión, con las consecuencias del cambio climático”.

De hecho, un reciente estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), al que se refiere un artículo reciente de El País,  avala que el planeta se está calentando. Según el estudio citado por este diario, las temperaturas medias de los veranos de los últimos 30 años han subido medio grado centígrado respecto a las tres décadas anteriores (1951 y 1980).

El cambio “más importante”—dice el informe— es que el calor extremo en verano es cada vez más frecuente y se produce en más sitios. Mientras que en el primer periodo analizado este fenómeno afectó apenas al 1% de la superficie terrestre, en las tres décadas sucesivas se ha extendido a un 10%.

¿A qué esperamos para pasar a un sistema energético basado en energías limpias?

Realidades virtuales: Petróleo más lejos, más profundo

Me asombra la manera tan ligera con la que algunos medios hablan del sector petrolero y de sus altamente cuestionables prácticas. Esta vez me refiero a un articulo en la ultima edición del Economist, que trata de cómo las empresas del sector llamado “oilfield services” (OFS, literalmente servicios para campos petrolíferos) están conquistando nuevas fronteras, por ejemplo en el Artico o Brasil, empujadas por los altos precios del barril y el temor de que el petróleo se acabe (cosa que ocurrirá, sin duda, algún día).

Las firmas que se dedican a los servicios OFS son menos conocidas que los grandes nombres del sector que las contratan, pero hacen “el trabajo duro” de encontrar el petróleo y extraerlo, además de ser enormemente lucrativas, explica la revista. Durante cuatro páginas (de ipad), The Economist explica las conquistas y los retos a los que se enfrentan, pero no dice ni una sola palabra sobre los riesgos en que incurren  (véase lo que sucedió en el Golfo de México con BP), las muchas objeciones que existen para seguir apostando por un sector condenado a morir o el poco sentido que tiene seguir contribuyendo así al cambio climático. Cuando, además, existen alternativas que tienen sentido desde el punto de vista económico y medioambiental, como las energías renovables.

Me llama mucho la atención la cobertura incompleta que se hace muchas veces de éste y otros sectores relacionados. Es como si viviéramos en mundos diferentes, uno real y otro virtual, al margen de los recursos, de los daños colaterales, de los riesgos. A esta nota del Economist, aunque larga, le falta precisamente realidad.